domingo, 8 de enero de 2012

Polillas



Una vez dijo Sábato,
que a este mundo venimos a acumular dudas,
muchas dudas.

Y entre tanta duda y duda
alguna de las preguntas sale malparada
y se nos pierde en el infinito devaneo de los vientos.

Nos hacemos preguntas para hallar las respuestas,
o acaso nos las hacemos para no hallarlas
y así poder seguir viviendo
cuando el mundo de un día más, otra vuelta de tuerca
y nos pase por encima.

La vida, mientras tanto, nos tiene en ascuas
y sobre las llamas de la hoguera crepitamos
bailando al son de las llamas en su fiesta de colores.

Las polillas, como nosotros, también buscan ser el fuego,
pero no son el fuego, y en su alarde
se consumen y nos siembran dudas, más dudas,
siempre dudas.

Al día siguiente, con la hoguera apagada,
y el pan nuestro de cada día sobre la mesa,
las preguntas se sofocan y se convierten en ceniza.

Y nosotros, en un amago, las revolvemos
con el palo de la conciencia para ver si arden,
pero bajo los rescoldos del pasado no hallamos nada,
tan sólo dudas y los restos calcinados de las polillas.

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