Seguro
que hoy estarás leyendo el periódico,
preocupado
porque el mundo que conociste
se escurre por el hueco de la cisterna del water.
Mira,
dirás: Hay disturbios en París,
la
ciudad que conocimos cuando éramos estudiantes.
Sí,
te diré, hay disturbios en París,
los
pobres queman los coches
para
hacer menos oscura la noche de su miseria.
No
les digas que al final siempre amanece,
díselo
con un puesto de trabajo,
con
un futuro al alcance de las manos,
díselo
con una ayuda económica
para
la educación de sus hijos,
con igualdad de oportunidades
en
el mercado de la vida,
díselo
con una salud digna,
una
vivienda aceptable sin peligro de incendios,
créeme,
ellos lo entenderán.
Dales
un lugar a tu lado,
dales
los mismos papeles de residencia que tienes tú,
que
tus hijos jueguen con sus hijos,
que
visiten contigo el mismo centro comercial,
dales
coche nuevo cada tres o cuatro años,
televisión
de plasma, vídeo, ordenador, móvil,
dales
un lugar saludable con jardín
y
con vistas al sol de cada tarde
que
les quiten sus ganas de suicidarse
o
de probar el mundo de los estupefacientes.
Créeme,
algunos te preguntarán
si
existe todo eso,
otros
dirán que por qué no lo han tenido antes
y
otros te exigirán que se lo des ya,
en
nombre de tu Dios y del suyo
en
nombre de todas tus buenas intenciones
en
nombre de las gárgaras que haces
cuando
dices Justicia y Democracia.
Si
no lo haces, ya sabes,
ellos
continuarán encendiendo hogueras por la noche,
quemando
coches, tal vez el tuyo,
quemando
escuelas, fábricas, iglesias, paraninfos...
¡Es
tan terrible no tener luz...!
¡Es
tan dura la oscuridad...!
¡La
vida de ellos y de sus familias
bien
vale el incendio, de tu conciencia!.
Iosu Moracho
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