domingo, 10 de junio de 2012

En Asturias, con los mineros del carbón



“Escribo con carbón y dinamita en lugar de tinta”

                                             Pidal Montes
                                             Nadie se salva

Asturias tiene los ojos verdes, color herbazal de primavera,
una mirada azul sobre los montes que se impregna de brisa marina,
un corazón ancho y apacible que se orea
y se refresca con el viento del norte,
y unos pulmones ahumados, con esa calor que da la turba
cuando la hulla se va haciendo carbón de antaño.

En esta tierra todos son poetas de barriadas mineras,
activistas de la palabra, que se saben hijos, nietos y biznietos de mineros, con las manos manchadas de sangre y tiznadas con el hollín del carbón,
con los rostros sucios pero dignos, y una escocedura en el alma
que no se lava ni con los siglos, ni con las aguas del Nalón ni del Caudal,
en la cuenca minera central.

Aquí, todos escriben en tierra con carbón y dinamita,
pero es sangre y no tinta lo que corre por las venas de este pueblo.

Yo, a Asturias entré por el sur, acariciándole las canillas
en las cuencas mineras: De Pola de Lena a Ujo, de allí a Moreda, Cabañaquinta, Aller.
Al sur de Mieres: Pozo Barredo, Figaredo, Santa Bárbara, San José, Mariana, Santiago…
Bocaminas donde el carbón salía -y sale- a la luz como en un parto,
alimento del pueblo, pan negro.

“Santa Bárbara bendita
mira como vengo yo…
Traigo la cabeza rota
que me la rompió un costeru,
traigo la camisa roxa
de sangre d'un compañeru,
patrona de los mineros,
mira como vengo yo…”

La cancioncilla la cantaban en una taberna de carretera
de Pola de Lena, dos borrachines de Sidra,
que habían tomado la carne gobernada con casi tres botellas
y Dios sabe qué más.

Yo nunca había visto una mina.
Entrarle al vientre de la tierra
a mano, a piqueta, a vagoneta calada.
Filas silenciosas de operarios, especialistas y braceros,
ojos de vidrio como las canicas de buey con las que jugábamos
en la infancia.

Infancia del carbón, juventud de la silicosis, vejez de la humareda…

Me cuentan que el pajarito que avisa de los escapes de grisú
es un pájaro amarillo al que todos saludaban antes de bajar a los pozos.
Se le alimentaba con hojas frescas de albahaca y pienso fino,
para que piase todo el día sin descanso.
Había un minero encargado de echarle el ojo a menudo.
Detector de gases, este pájaro incansable, sabía todas las historias
que se contaban en las minas.

Sabía también las que se gastaban en las tabernas
y las que guardaban las hogueras compartidas en invierno, tras os montes…

Una mujer cantaba por la noche en el molino de Peruya.
Los mineros enviaban al muchacho que ese día había tenido
su bautizo en la mina,
pero cuando iba al molino, o no veía a nadie,
o encontraba a una moza con los pies de cabra: El diañu burlón…

Mujeres encantadas, mujeres mineras, xanas que habitan
en las torcas, los sumideros, las lagunas con poco agua.

En la Robellada, junto a la cueva hay una fuente.
Las ánimas hacen hablar al viento:
¡Andad de día que la noche es mía!

Mineros de rostro negro, manos de hollín y ojos profundos.
Mineros en lucha sempiterna: esposados, detenidos, escoltados
por las sacrosantas fuerzas de la Guardia Civil.
Mineros golpeados y desaparecidos: 1873, 1879, 1890,1937,
-entre 1941 a 1959: 1570 mineros muertos-, 1976, 2012…

Bajo los hórreos o en el juego de los boloscuevas,
el eco de las voces de los enterrados
remueve la rueda de piedra de los molinos…

En Santa Cristina de Lena, hay hoy fuego, barricadas,
llantas que gimen con humo negro y lanzaderas.
Piedras y tornillos contra botes de humo y pelotas de goma…

“A ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un obrero...
a ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un minero.”

Cuando se acabe el carbón, esta tierra tiene que seguir viviendo…

                                                                         Iosu Moracho

(La foto está tomada de antonsaavedra.wordpress.com)