miércoles, 18 de septiembre de 2013

martes, 17 de septiembre de 2013

Introducción al Recital de Mujeres de Ciudad Juárez

El  pasado día 7  de septiembre de 2013, un grupo de amigas y amigos nos juntamos en la Hormiga Atómica de Iruña City para hacer un homenaje a la voz de las sin voz de Las mujeres de Ciudad Juárez. Ya es el segundo año y no será el último. La idea se la debemos a Uberto Stabile, quien nos la propuso en el encuentro de hace dos años en Logroño. A continuación cuelgo algo de lo que se dijo y se leyó, algo de lo que se escuchó y se vio...

RECITAL MUJERES DE CIUDAD JUAREZ (Poemas Iosu Moracho Cortés)


Lenguaje
 (Iosu Moracho)

Decía Tranströmer cuando se encontraba
con huellas de corzo en la nieve,
que eso era lenguaje, pero no palabras.
Todo es lenguaje, siento yo,
hasta la muerte, que sirve para que el universo se revele
como el lugar más insondable.
La conciencia de la muerte es un combustible
para poder asombrarnos de la aventura de la vida.

Ciudad Juárez…
Entre el distrito de Felipe Ángeles y Francisco Villa,
en el noroeste de la ciudad, muy cerquita del Paso del norte
y del Río Bravo, que al otro lado de la frontera le dice Río Grande,
está la Calle Arroyo de las Víboras, y no es un eufemismo.
El Víboras es un río de mala madre
y cuando se desembalsa por las crecidas
inunda la calle de su nombre y el arroyo se convierte en bestia
que se lleva por delante a carros y a gente.

Desde hace tiempo, por los alrededores, se vienen regando cadáveres
de desaparecidos que luego aparecen en el Víboras o en sus aledaños.
Lo curioso del distrito es el lenguaje que acompaña a los fregados.
¿Saben ustedes? Las calles que rodean a la calle del arroyo de las víboras
tienen nombres de flores.
Así uno se encuentra en la calle Dalias, Amapolas, Geranios, Azucenas
y siente que allí no puede pasar nada malo.
Margaritas, Lirios, Gladiolos, Jazmines,
y cree que ahí no puede haber secuestros de muchachas
y balaceras a la luz de las farolas que iluminan las placas de las calles.
Verónicas, Violetas, Petunias o Quelites,
y no duda que el barrio ha de estar lleno de tiestos, fuentes,
niños que corren por los parques y mamás con canastas de la compra
para brindar por la vida…
La calle Durazno, Nogal, Mimbre, Peral, Avellana, Trébol, Datilera
y Cafeto, cuentan sin embargo con un lenguaje de pobreza,
de miseria y de alto riesgo para la salud.
Será porque se encuentran pegaditas al barrio de las calles
de los elementos de la tabla periódica:
Selenio, Germanio, Cobalto, Cloro, Helio…
Si usted pone en Internet cualquiera de estos nombres
y añade Ciudad Juárez, el coctel puede ser explosivo.
Entre la calles Selenio y Amapolas, por ejemplo,
fueron detenidos unos presuntos vendedores de droga
mientras utilizaban a una niña como distracción.
Entre las calles Margaritas y Potasio, agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal de la Unidad Especializada en atender a Víctimas
de Violencia Doméstica aseguraron a 4 menores y arrestaron a sus padres por omisión de cuidados.
Entre las calles Bromo y Azucenas en la Colonia Altavista,
los preventivos detuvieron a un sujeto
que pretendía agredir con un cuchillo a su hijo.
Entre las calles Titanio y Kriptón
se encontró el cuerpo de un sujeto con un tiro de gracia
según informó el reportero del Canal 44…

La noche se llena de pasos en las calles con nombre de Flores.
La luz cenital de una farola dibujando sombras junto a unos contenedores.
Alguien oye un grito. Y luego otro más.
El chirrido de un carro que arranca,
un perro que ladra. Frenos. Más disparos, luego de dirán
por los casquillos que de una 45. Vidrios rotos.
Una cañería herida escupe sangre a borbotones.
Sirenas policiales…
Desde el principio, de fondo, como notarán más tarde los forenses,
suenan corridos mexicanos, Los Tigres del Norte.
Huele a tamales, a ajos hervidos, a cebollitas, a tortillas de maíz,
a atol caliente, aceite y queroseno. Huele a llanta y a sudor.
Huele a muerte… 


Canción triste de Ciudad Juárez
(Iosu Moracho)

Leo a Judith Torrea,
esa periodista de Pamplona que lleva casi veinte años cubriendo
el conflicto de esta ciudad que se desangra.
Me sumerjo en su blog: Juárez en la sombra,
donde las entradas se cuentan por desgarros
y los desgarros son un grito y una denuncia, una necesidad, una terapia para
la supervivencia.
Judith Torrea está encarnada en esa realidad dolorosa, denunciando,
acompañando, compartiendo…
Me acuerdo aquí, de esa frase de Ernesto Cardenal en Versos del Pluriverso
en la que dice refiriéndose a Cristo:
No vino a explicar el dolor sino a compartirlo.
Y pienso en ciudad Juárez,
agujero negro en medio de la galaxia Mexico – Latinoamericana.
Negro y profundo,
que se va tragando a sus víctimas y a sus verdugos,
a sus familiares
y a toda la corte de justicia,
a los jueces, los fiscales, los abogados,
los miembros de la policía municipal, la ministerial, la estatal, la federal,
los miembros, siempre novatos del ejército, y de los agentes de la DEA,
colaboradores de no se sabe muy bien qué cosa.
Negro hoyo del que ni siquiera la luz sale.
Pero, ¿qué es la luz,hermanita?
La luz…

La luz es el reflector que en medio de la oscurana
ilumina el cadáver del chalán, -el ayudante de mecánico-
en medio de un charco de sangre en su taller de camiones.

La luz es esa farola esquinera
que alumbra a los que miran, a los que llegan,
a los asesinos que se mezclan entre los curiosos
para saborear el néctar de la flor
que acaban de cortar.

La luz es ese letrero que se derrama intermitente
sobre el pavimento sin asfaltar
rojo, verde, violeta,
que reza: Hotel, Habitaciones, Bar Kentucky, Coctel Margarita…

La luz es eso que se acerca por la avenida
de color azul, acompañado por una estridencia que todos conocen
y del que sale más violencia, más desilusión, más angustia
y ninguna respuesta.

La luz es eso que brilla en los ojos abiertos de los muertos,
ojos que aun no cerraron el forense que no llegó
ni la madre que aun no avisaron.

La luz es también la lista con los nombres
de todas las muchachas muertas, que desde hace más de veinte años
escribía Esther Chávez Cano,
fundadora de Casa Amiga,
-un centro para acompañar el dolor de las víctimas-,
antes de que un cáncer galopara por su cuerpo
y se la llevara hecha un harapo el día de Navidad
a los setenta y siete años de lucha  y dignidad.

Eso es la luz, carajo.

Pero la luz apenas forma parte
del paisaje de Juárez.
Es un proceso de evolución esperado, dice el experto.
Son crímenes anticipados y anunciados. El único responsable es el Estado…
Verdades que duelen.
Verdades que pican como púas de nopal,
como aguijones de avispa en este avispero de muerte y de frontera.
Verdades que duelen porque son verdad.

Y los muertos seguirán
si no se combate el delito,
si no se lucha por erradicar el narcotráfico,
si la población sigue armada impunemente,
si los cárteles de la droga compran a políticos, jueces y policías,
si las maras captan a los jóvenes para convertirlos en bestias.
si a la juventud no se le ofrece otra salida que la miseria, la emigración,
el dinero fácil del crimen y la extorsión,
si continua la impunidad,
si persiste la corrupción y se jala la mordida
porque una mano lava a la otra,
si se sigue cociendo a fuego lento el caldo de cultivo
para el crimen organizado, en las ollas de la pobreza, la exclusión
y el machismo en nombre de los falsos valores del libre mercado
y del neoliberalismo imperialista.
Es un proceso de evolución esperada, dice el experto.

Ya pasamos hace tiempo del simio al hombre.
¿Qué le hace ahora al hombre
volver a pedirle un palo al árbol
para herir a sus hermanos?

Hemos creado un monstruo y no lo podemos controlar…
¿Quién educa al hombre para que encuentre sentido a su vida?
¿Quién educa al joven para que se haga hombre
y cometa el atroz delito de tomar su vida en sus manos?
¿Quién educa al Estado para recordarle
que su fin es el servicio al Pueblo y que este es sagrado?
¿Quién educa a los jueces
para que impartan imparcialmente justicia?
¿Quién educa en la Justicia, en la No Violencia
a una sociedad en crisis, en despecho, en violencia estructural,
instalada permanentemente en la ley del más fuerte?
¿Quién educa a los responsables policiales
para que hagan su trabajo con honor y dignidad?
¿Quién educa a quién? ¿Y por qué? ¿Y para qué? ¿Y cómo…?

La utopía es una esperanza consecutivamente aplazada.
Una esperanza consecutivamente aplazada.
Pero es una esperanza
y sirve para caminar…


Caperucita ha sido secuestrada
(Iosu Moracho)



Caperucita ha sido secuestrada...
¿O acaso ha sido raptada alguna de las mujeres de Ciudad Juárez...?
Cualquier trabajadora de las maquilas en las zonas francas,
Cualquier muchacha de la frontera,
Cualquiera...
¡Vaya usted a saber por cuál camino se la llevaron!
¿Por el de la explotación?
¿Por el del sexo?
¿Por el de la sangre?
Alguien pensará: ¡Qué carajo, en vez de tanta poesía
vamos a llamar a la policía y ellos sabrán...!
¿Y si la policía está implicada?
¿Y si son ellos los que cobran la mordida
y están a una con los secuestradores?
¿Y si son ellos los que sacan un porcentaje...?
Pero, ¿no es cierto además que la sociedad mira para otra parte?
¿No es cierto que algunos hablan de que era Caperucita
la que andaba provocando por ir sola, con la ropa ceñida, haciendo de mujer
en un mundo de lobos?
¿No es cierto que las comadres hablaban de ella con despecho?
¡Ah, ella se lo tenía merecido!, dicen las raposas... ¡Hipócritas!
¿Qué hacen los jueces mientras tanto?
¿Qué hacen los políticos sentados en sus sillas,
cobrando sobresueldos por las sesiones parlamentarias?
¿Qué hacemos nosotros, no vemos que una muchacha ha sido llevada
contra su voluntad...? ¿Qué hacemos que no salimos a la calle,
a las plazas, a los caminos, a las comisarías, a las judicaturas, a las sesiones parlamentarias a decirles a todos: ¡¡Cabrones, vosotros habéis secuestrado a Caperucita!!?



La niña María
(Iosu Moracho)


De vuelta a casa,
silbandito, para espantar todos los miedos
que le soplan en la nuca,
tarareando, para que la muerte la sepa viva
y pase de largo hacia las cantinas.

Así, la niña María
se sube los calcetines
para que no le entre el frío de la madrugada.

Así, la niña María
juega con los dedos a hacer trenzas,
escaleritas, corazones que distraigan el alma
mientras se acerca a las sombras
que deja la noche, entre guatas de luz.

La niña María, sin embargo,
siente que el frío
le sube por las canillas
y le atenaza el vientre con mano de viento.

Con fe firme
aprieta los pasitos
que gimen sobre el barro.

Ser mujer en Juárez.
Ser muchacha en Ciudad Juárez.
Trabajadora de las maquilas a turno de noche.
Empleadita del atardecer…

No teman,
por esta vez
dejaremos que el poema acabe sin sangre. Sí

Diremos, para su desahogo,
que la niña María
aprieta el paso y llega a su casa…



miércoles, 22 de mayo de 2013

Ezkaba 2013





Dicen,
que el olvido está lleno de memoria.
Tan lleno que de vez en cuando
la memoria se desborda
y les juega una mala pasada
a los olvidadores oficiales,
a esos que escriben la historia desde su olvido
y no desde la memoria histórica
de los que hicieron la Historia con su sangre y con sus vidas.

Cuándo se empezará a contar en los libros escolares
que a unos cientos de metros de donde vivimos
en ese monte acostado hacia el norte, mirando a la vieja Iruña
hubo una masacre.

Cuando yo era un niño, mi padre
nos subía a los tres hermanos hasta esta cima, en coche,
y mientras mirábamos las calles de la Chantrea,
la torre de Jus la Rocha, el cabezón de Etxauri,
el Gaztelu y las estribaciones de la sierra de Atondo,
él se tomaba un vino en el viejo retén militar que llevaban los soldados
que todavía andaban por aquí.
Soldados reclutas del régimen que había asesinado a los nuestros
emboscándolos en la huida de esta prisión de guerra.

Cuando tuve conciencia de la historia, años más tarde
y supe lo que había sucedido
volví a subir al monte y me imaginé a los hombres
huyendo en la quietud de la noche
desbarrancándose hacia uno y hacia otro lado,
cayendo en las trampas de los fascistas,
los mismos que echaron tierra sobre la historia
y que día tras día echan tierra sobre la memoria
que tanto quieren olvidar.
Será porque les duele
que se sepa esta verdad.

Sólo el recuerdo consciente de lo que sucedió
puede lavar la sangre que bajó por estos caminos.

Quien se empeña en olvidar, cerrar heridas
sin cicatrizar ni hacer justicia,
está condenado a tener negras noches hasta su muerte.

No hay olvido. El rescate de la memoria
es asignatura obligatoria en una educación de justicia.

                                                 Iosu Moracho Cortés



domingo, 10 de junio de 2012

En Asturias, con los mineros del carbón



“Escribo con carbón y dinamita en lugar de tinta”

                                             Pidal Montes
                                             Nadie se salva

Asturias tiene los ojos verdes, color herbazal de primavera,
una mirada azul sobre los montes que se impregna de brisa marina,
un corazón ancho y apacible que se orea
y se refresca con el viento del norte,
y unos pulmones ahumados, con esa calor que da la turba
cuando la hulla se va haciendo carbón de antaño.

En esta tierra todos son poetas de barriadas mineras,
activistas de la palabra, que se saben hijos, nietos y biznietos de mineros, con las manos manchadas de sangre y tiznadas con el hollín del carbón,
con los rostros sucios pero dignos, y una escocedura en el alma
que no se lava ni con los siglos, ni con las aguas del Nalón ni del Caudal,
en la cuenca minera central.

Aquí, todos escriben en tierra con carbón y dinamita,
pero es sangre y no tinta lo que corre por las venas de este pueblo.

Yo, a Asturias entré por el sur, acariciándole las canillas
en las cuencas mineras: De Pola de Lena a Ujo, de allí a Moreda, Cabañaquinta, Aller.
Al sur de Mieres: Pozo Barredo, Figaredo, Santa Bárbara, San José, Mariana, Santiago…
Bocaminas donde el carbón salía -y sale- a la luz como en un parto,
alimento del pueblo, pan negro.

“Santa Bárbara bendita
mira como vengo yo…
Traigo la cabeza rota
que me la rompió un costeru,
traigo la camisa roxa
de sangre d'un compañeru,
patrona de los mineros,
mira como vengo yo…”

La cancioncilla la cantaban en una taberna de carretera
de Pola de Lena, dos borrachines de Sidra,
que habían tomado la carne gobernada con casi tres botellas
y Dios sabe qué más.

Yo nunca había visto una mina.
Entrarle al vientre de la tierra
a mano, a piqueta, a vagoneta calada.
Filas silenciosas de operarios, especialistas y braceros,
ojos de vidrio como las canicas de buey con las que jugábamos
en la infancia.

Infancia del carbón, juventud de la silicosis, vejez de la humareda…

Me cuentan que el pajarito que avisa de los escapes de grisú
es un pájaro amarillo al que todos saludaban antes de bajar a los pozos.
Se le alimentaba con hojas frescas de albahaca y pienso fino,
para que piase todo el día sin descanso.
Había un minero encargado de echarle el ojo a menudo.
Detector de gases, este pájaro incansable, sabía todas las historias
que se contaban en las minas.

Sabía también las que se gastaban en las tabernas
y las que guardaban las hogueras compartidas en invierno, tras os montes…

Una mujer cantaba por la noche en el molino de Peruya.
Los mineros enviaban al muchacho que ese día había tenido
su bautizo en la mina,
pero cuando iba al molino, o no veía a nadie,
o encontraba a una moza con los pies de cabra: El diañu burlón…

Mujeres encantadas, mujeres mineras, xanas que habitan
en las torcas, los sumideros, las lagunas con poco agua.

En la Robellada, junto a la cueva hay una fuente.
Las ánimas hacen hablar al viento:
¡Andad de día que la noche es mía!

Mineros de rostro negro, manos de hollín y ojos profundos.
Mineros en lucha sempiterna: esposados, detenidos, escoltados
por las sacrosantas fuerzas de la Guardia Civil.
Mineros golpeados y desaparecidos: 1873, 1879, 1890,1937,
-entre 1941 a 1959: 1570 mineros muertos-, 1976, 2012…

Bajo los hórreos o en el juego de los boloscuevas,
el eco de las voces de los enterrados
remueve la rueda de piedra de los molinos…

En Santa Cristina de Lena, hay hoy fuego, barricadas,
llantas que gimen con humo negro y lanzaderas.
Piedras y tornillos contra botes de humo y pelotas de goma…

“A ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un obrero...
a ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un minero.”

Cuando se acabe el carbón, esta tierra tiene que seguir viviendo…

                                                                         Iosu Moracho

(La foto está tomada de antonsaavedra.wordpress.com)