Lenguaje
(Iosu Moracho)
Decía Tranströmer cuando se
encontraba
con huellas de corzo en la nieve,
que eso era lenguaje, pero no palabras.
Todo es lenguaje, siento yo,
hasta la muerte, que sirve para que el universo se revele
como el lugar más insondable.
La conciencia de la muerte es un combustible
para poder asombrarnos de la aventura de la vida.
Ciudad Juárez…
Entre el distrito de Felipe Ángeles y Francisco Villa,
en el noroeste de la ciudad, muy cerquita del Paso del norte
y del Río Bravo, que al otro lado de la frontera le dice Río Grande,
está la Calle Arroyo
de las Víboras, y no es un eufemismo.
El Víboras es un río de mala madre
y cuando se desembalsa por las crecidas
inunda la calle de su nombre y el arroyo se convierte en bestia
que se lleva por delante a carros y a gente.
Desde hace tiempo, por los alrededores, se vienen regando cadáveres
de desaparecidos que luego aparecen en el Víboras o en sus aledaños.
Lo curioso del distrito es el lenguaje que acompaña a los fregados.
¿Saben ustedes? Las calles que rodean a la calle del arroyo de las
víboras
tienen nombres de flores.
Así uno se encuentra en la calle Dalias, Amapolas, Geranios, Azucenas
y siente que allí no puede pasar nada malo.
Margaritas, Lirios, Gladiolos, Jazmines,
y cree que ahí no puede haber secuestros de muchachas
y balaceras a la luz de las farolas que iluminan las placas de las
calles.
Verónicas, Violetas, Petunias o Quelites,
y no duda que el barrio ha de estar lleno de tiestos, fuentes,
niños que corren por los parques y mamás con canastas de la compra
para brindar por la vida…
La calle Durazno, Nogal, Mimbre, Peral, Avellana, Trébol, Datilera
y Cafeto, cuentan sin embargo con un lenguaje de pobreza,
de miseria y de alto riesgo para la salud.
Será porque se encuentran pegaditas al barrio de las calles
de los elementos de la tabla periódica:
Selenio, Germanio, Cobalto, Cloro, Helio…
Si usted pone en Internet cualquiera de estos nombres
y añade Ciudad Juárez, el coctel puede ser explosivo.
Entre la calles Selenio y Amapolas, por ejemplo,
fueron detenidos unos presuntos vendedores de droga
mientras utilizaban a una niña como distracción.
Entre las calles Margaritas y Potasio, agentes de la Secretaría de Seguridad
Pública Municipal de la
Unidad Especializada en atender a Víctimas
de
Violencia Doméstica aseguraron a 4 menores y arrestaron a sus padres por
omisión de cuidados.
Entre
las calles Bromo y Azucenas en la Colonia
Altavista,
los
preventivos detuvieron a un sujeto
que
pretendía agredir con un cuchillo a su hijo.
Entre
las calles Titanio y Kriptón
se
encontró el cuerpo de un sujeto con un tiro de gracia
según
informó el reportero del Canal 44…
La noche
se llena de pasos en las calles con nombre de Flores.
La luz
cenital de una farola dibujando sombras junto a unos contenedores.
Alguien
oye un grito. Y luego otro más.
El
chirrido de un carro que arranca,
un perro
que ladra. Frenos. Más disparos, luego de dirán
por los
casquillos que de una 45. Vidrios rotos.
Una
cañería herida escupe sangre a borbotones.
Sirenas
policiales…
Desde el
principio, de fondo, como notarán más tarde los forenses,
suenan
corridos mexicanos, Los Tigres del Norte.
Huele a
tamales, a ajos hervidos, a cebollitas, a tortillas de maíz,
a atol
caliente, aceite y queroseno. Huele a llanta y a sudor.
Huele a
muerte…
Canción triste de Ciudad Juárez
(Iosu Moracho)
Leo a Judith Torrea,
esa periodista de
Pamplona que lleva casi veinte años cubriendo
el conflicto de esta
ciudad que se desangra.
Me sumerjo en su blog:
Juárez en la sombra,
donde las entradas se
cuentan por desgarros
y los desgarros son un
grito y una denuncia, una necesidad, una terapia para
la supervivencia.
Judith Torrea está
encarnada en esa realidad dolorosa, denunciando,
acompañando,
compartiendo…
Me acuerdo aquí, de
esa frase de Ernesto Cardenal en Versos
del Pluriverso
en la que dice
refiriéndose a Cristo:
No vino a explicar el dolor sino a compartirlo.
Y pienso en ciudad
Juárez,
agujero negro en medio
de la galaxia Mexico – Latinoamericana.
Negro y profundo,
que se va tragando a
sus víctimas y a sus verdugos,
a sus familiares
y a toda la corte de
justicia,
a los jueces, los
fiscales, los abogados,
los miembros de la
policía municipal, la ministerial, la estatal, la federal,
los miembros, siempre
novatos del ejército, y de los agentes de la DEA,
colaboradores de no se
sabe muy bien qué cosa.
Negro hoyo del que ni
siquiera la luz sale.
Pero, ¿qué es la
luz,hermanita?
La luz…
La luz es el reflector
que en medio de la oscurana
ilumina el cadáver del
chalán, -el ayudante de mecánico-
en medio de un charco
de sangre en su taller de camiones.
La luz es esa farola
esquinera
que alumbra a los que
miran, a los que llegan,
a los asesinos que se
mezclan entre los curiosos
para saborear el
néctar de la flor
que acaban de cortar.
La luz es ese letrero
que se derrama intermitente
sobre el pavimento sin
asfaltar
rojo, verde, violeta,
que reza: Hotel,
Habitaciones, Bar Kentucky, Coctel Margarita…
La luz es eso que se
acerca por la avenida
de color azul,
acompañado por una estridencia que todos conocen
y del que sale más
violencia, más desilusión, más angustia
y ninguna respuesta.
La luz es eso que
brilla en los ojos abiertos de los muertos,
ojos que aun no
cerraron el forense que no llegó
ni la madre que aun no
avisaron.
La luz es también la
lista con los nombres
de todas las muchachas
muertas, que desde hace más de veinte años
escribía Esther Chávez
Cano,
fundadora de Casa
Amiga,
-un centro para
acompañar el dolor de las víctimas-,
antes de que un cáncer
galopara por su cuerpo
y se la llevara hecha
un harapo el día de Navidad
a los setenta y siete
años de lucha y dignidad.
Eso es la luz, carajo.
Pero la luz apenas
forma parte
del paisaje de Juárez.
Es un proceso de evolución esperado, dice el experto.
Son crímenes anticipados y anunciados. El único
responsable es el Estado…
Verdades que duelen.
Verdades que pican
como púas de nopal,
como aguijones de
avispa en este avispero de muerte y de frontera.
Verdades que duelen
porque son verdad.
Y los muertos seguirán
si no se combate el
delito,
si no se lucha por
erradicar el narcotráfico,
si la población sigue
armada impunemente,
si los cárteles de la
droga compran a políticos, jueces y policías,
si las maras captan a
los jóvenes para convertirlos en bestias.
si a la juventud no se
le ofrece otra salida que la miseria, la emigración,
el dinero fácil del
crimen y la extorsión,
si continua la
impunidad,
si persiste la
corrupción y se jala la mordida
porque una mano lava a
la otra,
si se sigue cociendo a
fuego lento el caldo de cultivo
para el crimen
organizado, en las ollas de la pobreza, la exclusión
y el machismo en
nombre de los falsos valores del libre mercado
y del neoliberalismo
imperialista.
Es un proceso de evolución esperada, dice el experto.
Ya pasamos hace tiempo
del simio al hombre.
¿Qué le hace ahora al
hombre
volver a pedirle un
palo al árbol
para herir a sus
hermanos?
Hemos creado un monstruo y no lo podemos controlar…
¿Quién educa al hombre
para que encuentre sentido a su vida?
¿Quién educa al joven
para que se haga hombre
y cometa el atroz
delito de tomar su vida en sus manos?
¿Quién educa al Estado
para recordarle
que su fin es el
servicio al Pueblo y que este es sagrado?
¿Quién educa a los
jueces
para que impartan
imparcialmente justicia?
¿Quién educa en la
Justicia, en la No Violencia
a una sociedad en
crisis, en despecho, en violencia estructural,
instalada
permanentemente en la ley del más fuerte?
¿Quién educa a los
responsables policiales
para que hagan su
trabajo con honor y dignidad?
¿Quién educa a quién?
¿Y por qué? ¿Y para qué? ¿Y cómo…?
La utopía es una esperanza consecutivamente aplazada.
Una esperanza
consecutivamente aplazada.
Pero es una esperanza
y sirve para caminar…
Caperucita ha sido
secuestrada
(Iosu Moracho)
Caperucita
ha sido secuestrada...
¿O acaso
ha sido raptada alguna de las mujeres de Ciudad Juárez...?
Cualquier
trabajadora de las maquilas en las zonas francas,
Cualquier
muchacha de la frontera,
Cualquiera...
¡Vaya
usted a saber por cuál camino se la llevaron!
¿Por el
de la explotación?
¿Por el
del sexo?
¿Por el
de la sangre?
Alguien
pensará: ¡Qué carajo, en vez de tanta poesía
vamos a
llamar a la policía y ellos sabrán...!
¿Y si la
policía está implicada?
¿Y si
son ellos los que cobran la mordida
y están
a una con los secuestradores?
¿Y si
son ellos los que sacan un porcentaje...?
Pero,
¿no es cierto además que la sociedad mira para otra parte?
¿No es
cierto que algunos hablan de que era Caperucita
la que
andaba provocando por ir sola, con la ropa ceñida, haciendo de mujer
en un
mundo de lobos?
¿No es
cierto que las comadres hablaban de ella con despecho?
¡Ah,
ella se lo tenía merecido!, dicen las raposas... ¡Hipócritas!
¿Qué
hacen los jueces mientras tanto?
¿Qué
hacen los políticos sentados en sus sillas,
cobrando
sobresueldos por las sesiones parlamentarias?
¿Qué
hacemos nosotros, no vemos que una muchacha ha sido llevada
contra
su voluntad...? ¿Qué hacemos que no salimos a la calle,
a las
plazas, a los caminos, a las comisarías, a las judicaturas, a las sesiones
parlamentarias a decirles a todos: ¡¡Cabrones, vosotros habéis secuestrado a
Caperucita!!?
La
niña María
(Iosu Moracho)
De vuelta a casa,
silbandito, para espantar todos los miedos
que le soplan en la nuca,
tarareando, para que la muerte la sepa viva
y pase de largo hacia las cantinas.
Así, la niña María
se sube los calcetines
para que no le entre el frío de la madrugada.
Así, la niña María
juega con los dedos a hacer trenzas,
escaleritas, corazones que distraigan el alma
mientras se acerca a las sombras
que deja la noche, entre guatas de luz.
La niña María, sin embargo,
siente que el frío
le sube por las canillas
y le atenaza el vientre con mano de viento.
Con fe firme
aprieta los pasitos
que gimen sobre el barro.
Ser mujer en Juárez.
Ser muchacha en Ciudad Juárez.
Trabajadora de las maquilas a turno de noche.
Empleadita del atardecer…
No teman,
por esta vez
dejaremos que el poema acabe sin sangre. Sí
Diremos, para su desahogo,
que la niña María
aprieta el paso y llega a su casa…
Gracias por todo jeje volveré en navidades con un monologo espero que os guste
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