miércoles, 22 de mayo de 2013

Ezkaba 2013





Dicen,
que el olvido está lleno de memoria.
Tan lleno que de vez en cuando
la memoria se desborda
y les juega una mala pasada
a los olvidadores oficiales,
a esos que escriben la historia desde su olvido
y no desde la memoria histórica
de los que hicieron la Historia con su sangre y con sus vidas.

Cuándo se empezará a contar en los libros escolares
que a unos cientos de metros de donde vivimos
en ese monte acostado hacia el norte, mirando a la vieja Iruña
hubo una masacre.

Cuando yo era un niño, mi padre
nos subía a los tres hermanos hasta esta cima, en coche,
y mientras mirábamos las calles de la Chantrea,
la torre de Jus la Rocha, el cabezón de Etxauri,
el Gaztelu y las estribaciones de la sierra de Atondo,
él se tomaba un vino en el viejo retén militar que llevaban los soldados
que todavía andaban por aquí.
Soldados reclutas del régimen que había asesinado a los nuestros
emboscándolos en la huida de esta prisión de guerra.

Cuando tuve conciencia de la historia, años más tarde
y supe lo que había sucedido
volví a subir al monte y me imaginé a los hombres
huyendo en la quietud de la noche
desbarrancándose hacia uno y hacia otro lado,
cayendo en las trampas de los fascistas,
los mismos que echaron tierra sobre la historia
y que día tras día echan tierra sobre la memoria
que tanto quieren olvidar.
Será porque les duele
que se sepa esta verdad.

Sólo el recuerdo consciente de lo que sucedió
puede lavar la sangre que bajó por estos caminos.

Quien se empeña en olvidar, cerrar heridas
sin cicatrizar ni hacer justicia,
está condenado a tener negras noches hasta su muerte.

No hay olvido. El rescate de la memoria
es asignatura obligatoria en una educación de justicia.

                                                 Iosu Moracho Cortés



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