miércoles, 29 de febrero de 2012


Primavera valenciana
(o cuando los Dobermans quisieron robar el sol
en la tierra de las naranjas)


El que antepuso la ley al hambre de justicia,
el que disfrazó las garras del sistema
con botas de batalla y guantes de reglamento,
el que se enfundó el uniforme de hombre de una pieza
pero nunca de ser humano,
el que trazó los planes contra un enemigo superior
e incontrolado, de adolescentes,
el que entró a saco por la avenida comercial
con la misión de infundir terror en los aledaños del colegio,
el que cuando vio a los niños
tuvo tiempo de preguntarse, ¿qué hemos hecho?, pero decidió cargar,
el que nació para no pensar y obedecer órdenes de los que no piensan,
el brazo idiota de la ley,
el que tiene dos centímetros de frente y tres de polla,
el que mira de reojo para que no le reconozcan
los que viven en su misma calle,
el que busca salir en las fotos y en los videos de youtube,
el que analiza sus golpes maestros
en la sala de operaciones conjuntas junto a un ejemplar de la constitución
y una bandera de su patria,
el que se jacta de tener más golpes que Bruce Willis en Jungla de cristal,
el boyescaut, el soldadito, el risafloja,
el que busca en la marea de jóvenes a los terroristas del futuro para tenerlos fichaos,
el que rompió las gafas del muchachito que hablaba distraído,
el que le dijo a una niña de trece años
que no tenía cuerpo ni para puta,
el que en una clase particular y por el módico precio de dos hostias
enseñó a los alumnos del Luis Vives, eso que se llama dignidad
y riesgo en la toma de decisiones, eso mismo que te gradúa de adulto
aunque sólo tengas catorce años,
el que guarda los valores del sistema y el garante de las libertades democráticas,
el que escupe en el suelo, se frota las manos y se muerde los labios
porque aún tiene algo que se puede salvar,
el que dice ¡esto es una mierda!, pero mantiene la formación,
el que se cree un Ninja pero evita mirarse al espejo,
el que tiene  problemas de autoestima
y nunca aparece en las reuniones de vecinos,
el que conoce personalmente a la delegada del gobierno,
el que justifica cualquier cosa que hicieron otros
porque son del cuerpo,
el sindicalista del S.U.P. que pidió horas sindicales
para no estar presente en esa carnicería,
el mismo tipo que me recuerda a diario cuando lo veo tomarse un café
aquello que decía Roque Dalton de que el más pequeño de los fascistas
es también un fascista,
el que vomitó al llegar al cuartel
y el que guardará durante décadas la mirada de desprecio de una alumna de bachillerato,
el que no quiso hablar del tema,
el que se jactó de que si sus hijos hacían eso les echaba de casa,
y sus hijos también estaban allí…
el que pasó una temporada en el Norte
y repetía que aquello sí que era una guerra y no esto,
el que derribó a la niña de catorce años
y no pudo besar a su hija cuando llegó a casa,
el que sentía que todo esto no era lo correcto
pero participó en las carreras,
el que pidió perdón a uno de los detenidos en el interior del furgón policial,
el que dobló el brazo del quinceañero
que buscaba reafirmarse ante la autoridad,
el que corrió a hostias a los que esbozaban ante sus ojos
libros de Miguel Hernández y de García Lorca,
el que llamaba hijos de puta a los alumnos del instituto Luis Vives
y nunca sabrá quién fue Luis Vives,
el que sabe que nunca habrá ninguna investigación policial
y se ríe de todas las sangres,
el mismo sinvergüenza que me golpeó en la espalda
cuando llevaba en brazos a mi hijo de tres años,
los dobermans, los perros del sistema, los guardianes de la santa democracia…

                                                             

1 comentario:

  1. Querido Iosu, el poema es excepcional y de una muy bien documentada intensidad, el relato pormenorizado de actitudes, acciones represivas, reflexiones en y posteriormente así como los escenarios dibujados me han parecido muy impactante así como el tono secuencial del poema que le imprime ritmo y ello adornado con una hermosa lírica. Un abrazo, Antonio.

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